Si hay una pregunta que quita el sueño a todos los diseñadores gráficos, desarrolladores web y creativos que están empezando (y a muchos que llevan años), es esa pregunta incómoda, casi tabú, que surge justo en el momento en que un cliente potencial muestra interés: “¿Y cuánto me va a costar?”.
En ese preciso instante, te congelas. Empiezas a sudar frío. Tu cerebro entra en una carrera frenética de cálculos mentales inseguros. Piensas: “Si le digo 500.000, ¿se asustará y se irá con otro? Pero si le digo 100.000, ¿estaré regalando mi trabajo y pareceré un amateur?”. Al final, sueltas un número al azar, casi pidiendo perdón, y te quedas con esa sensación horrible de no saber si acabas de cerrar un buen trato o si te has condenado a trabajar gratis toda la semana.
Bienvenido al mundo del freelance. Si te sientes identificado, respira: no estás solo. En Paraguay, lamentablemente, no nos enseñan educación financiera en la escuela, y mucho menos “finanzas para creativos”. Existe una cultura del regateo y del “sobrino que me lo hace más barato” que hace que cobrar lo justo se sienta como una batalla campal. Pero hoy vamos a cambiar eso. Vamos a dejar de adivinar precios y vamos a empezar a calcularlos con estrategia, dignidad y profesionalismo.
El error de base: Confundir “Costo” con “Valor” y el miedo a cobrar
Para empezar a cotizar bien, primero tienes que resetear tu mentalidad. Muchos creativos cometen el error de pensar que están cobrando por “apretar botones” en Photoshop o Illustrator. Si piensas así, claro que te sentirás culpable por cobrar bien. “Solo me tomó 2 horas, ¿cómo voy a cobrar tanto?”, te dices.
Pero tú no cobras por el tiempo que tardas en mover el mouse. Cobras por los años que te tomó aprender dónde hacer clic. Cobras por tu criterio, por tu capacidad de resolver un problema visual que el cliente no puede resolver por sí mismo, y por el valor que ese diseño le traerá a su negocio. Un logo no es un dibujo; es la cara de una empresa que facturará millones (ojalá) gracias a la confianza que esa imagen proyecta.
En el mercado paraguayo, el miedo a perder el cliente es el principal enemigo del precio justo. Pero te diré una verdad incómoda: el cliente que se va por precio, volverá por calidad… o no volverá, y te hará un favor. No puedes competir por ser el más barato. Siempre, absolutamente siempre, habrá alguien dispuesto a hacerlo por menos dinero, alguien que vive con sus padres y no paga luz, o alguien que usa plantillas robadas. Esa es una carrera hacia el fondo del abismo donde nadie gana. Tu carrera debe ser hacia arriba: competir por calidad, por servicio, por cumplimiento y por resultados.
1. La Matemática del Freelancer: Calculando tu “Hora de Vida”
Antes de darle un precio a un cliente, necesitas saber cuánto te cuesta a ti existir. Muchos freelancers en Asunción cometen el error de mirar el tarifario de un colega o preguntar en un grupo de Facebook: “¿Cuánto se cobra por un flyer?”. Eso es un suicidio financiero. Los costos de vida de tu colega no son los tuyos.
Para cotizar con seguridad, necesitas calcular tu Costo por Hora Mínimo. Hagamos un ejercicio práctico (y brutalmente honesto):
- Suma tus Costos Fijos Mensuales: ¿Cuánto necesitas para vivir dignamente? Incluye todo: alquiler (o tu aporte en casa), comida, transporte, y muy importante: Internet y Electricidad (son tus insumos básicos).
- Suma tus Herramientas de Trabajo: ¿Pagas la licencia de Adobe? ¿Hosting? ¿Suscripciones a bancos de imágenes? ¿La cuota de tu nueva laptop? Todo eso debe salir de tu trabajo, no de tus ahorros.
- Añade un margen de ganancia y ahorro: No trabajas solo para pagar cuentas, ¿verdad? Quieres irte de vacaciones, comprarte ropa o ahorrar para un auto. Añade un 20% o 30% a esa suma.
Supongamos que esa suma te da 5.000.000 Gs. mensuales. Ahora, ¿cuántas horas realmente productivas vas a trabajar? No puedes facturar 8 horas al día los 30 días del mes. Tienes que prospectar clientes, contestar correos, hacer trámites, capacitarte. Siendo realistas, quizás factures 4 o 5 horas netas de diseño al día, de lunes a viernes. Digamos unas 100 horas al mes.
5.000.000 Gs / 100 horas = 50.000 Gs.
Ese es tu piso. Si cobras menos de 50.000 Gs. la hora, estás, literalmente, pagando por trabajar. Estás perdiendo dinero. Con este número en mente, la próxima vez que alguien te pida un trabajo que te tomará 10 horas y quiera pagarte 200.000 Gs., sabrás inmediatamente que debes decir que no, porque tu costo real es 500.000 Gs. Tener este número claro elimina la duda emocional y la reemplaza por certeza matemática.
2. ¿Cobrar por Hora o por Proyecto? El eterno dilema
Una vez que sabes cuánto vale tu tiempo, surge la duda: ¿le paso un precio cerrado al cliente o le cobro por horas?
En Paraguay, la modalidad “Por Proyecto” suele funcionar mejor para la mayoría de los trabajos creativos (logos, manuales de marca, diseño de feeds para redes sociales), por una sencilla razón psicológica: al cliente local no le gusta la incertidumbre. Si le dices “te cobro 100.000 la hora”, él estará pensando todo el tiempo: “¿Y si tarda 20 horas? Se me va a ir el presupuesto”. Prefieren saber que el logo les costará 1.500.000 Gs., punto final.
Sin embargo, el cobro por proyecto tiene una trampa mortal: Los cambios infinitos.
Seguro te pasó. Cotizaste un diseño, el cliente aceptó, lo entregaste… y luego llegaron los correos: “¿Podemos probar en azul?”, “Agrandame el logo”, “Mi esposa dice que no le gusta la fuente, ¿probamos otra?”. De repente, un proyecto de 5 horas se convierte en uno de 20, y tu ganancia por hora se diluye hasta desaparecer.
¿La solución? Cotiza por Proyecto, pero delimita el alcance con sangre. Tu presupuesto debe decir claramente: “Incluye: Diseño de propuesta, 2 rondas de correcciones y entrega de archivos finales. Correcciones adicionales o cambios estructurales una vez aprobado el boceto se cobrarán como horas extra a X guaraníes/hora”.
Esto educa al cliente. Cuando sabe que la tercera ronda de cambios le va a costar dinero extra, mágicamente se vuelve mucho más decidido y concreto con lo que pide. Protege tu tiempo, porque es el único recurso que no puedes recuperar.
3. El Anticipo: Tu filtro de seguridad número uno
Hay una regla de oro que debes tatuarte: Nadie empieza a trabajar sin un anticipo. En el mercado local, es estándar pedir el 50% por adelantado para comenzar el trabajo y el 50% restante contra entrega de los archivos finales.
Esto no es solo por el dinero; es un filtro de seriedad. Un cliente que se ofende o se niega a pagar el 50% inicial es un cliente que, con toda probabilidad, te iba a dar problemas para pagar al final. El anticipo compromete a ambas partes. El cliente ya invirtió dinero, así que le interesa que el proyecto salga bien y rápido. Y tú tienes la tranquilidad de cubrir tus costos básicos mientras trabajas.
No tengas miedo de pedirlo. Es una práctica estándar profesional. Si te dicen “No, es que la política de la empresa es pagar a 30 días”, tú decides si quieres financiar a esa empresa o no. Pero si eres un freelancer pequeño, no eres un banco. “Entiendo su política, pero mi política de trabajo requiere un 50% para reservar el tiempo en mi agenda y comenzar el proyecto”. Si te mantienes firme, te respetarán más. La postura de “necesitado” ahuyenta a los buenos clientes; la postura de “profesional ocupado que valora su trabajo” los atrae.
4. Cómo defender tu precio sin pelear
Finalmente, ¿qué haces cuando envías tu presupuesto calculado, justo y profesional, y el cliente te responde: “¡Huy, qué caro! Fulanito me lo hace por la mitad”?
Primero, no te enojes. Es una objeción de negocios, no un insulto personal. Segundo, nunca respondas bajando el precio inmediatamente. Si lo haces, estás admitiendo que tu primer precio estaba inflado y que intentaste aprovecharte.
La mejor respuesta es explicar el valor, no justificar el costo. En lugar de decir: “Es que tengo que pagar la luz y el software…” (al cliente no le importan tus problemas), di algo como: “Entiendo que el presupuesto pueda ser más alto de lo que esperabas. La diferencia es que mi propuesta no incluye solo un diseño estético, sino una estrategia para que ese diseño venda. Fulanito puede hacerlo más barato, pero mi trabajo te garantiza que los archivos estarán listos para imprenta sin errores (ahorrándote dinero en reimpresiones), que tendrás los derechos de uso y que el diseño está pensado para tu público objetivo. ¿Prefieres ahorrar ahora y arriesgarte a tener que rehacerlo en tres meses, o invertir una vez y hacerlo bien?”.
Si el cliente sigue insistiendo solo en el precio, déjalo ir. Un cliente que no valora tu trabajo es un dolor de cabeza garantizado. Te pedirá mil cambios, te pagará tarde y te recomendará a otros clientes igual de “tacaños”. Deja ese espacio libre para los clientes que sí entienden que lo barato sale caro.
Profesionalizar el mercado empieza por uno mismo. Si todos empezamos a cobrar lo justo, a usar contratos simples y a pedir anticipos, el mercado paraguayo no tendrá más opción que madurar. Tú tienes el talento; ahora asegúrate de que tu cuenta bancaria lo refleje.


